Los datos son una realidad delicada, llena de matices, y hay que tomárselos con cautela porque pueden no significar lo que parecen.

De Suecia nos llegan, como de todas partes, muchos datos. Es uno de los países cuyos gobiernos están llevando a cabo más políticas de corte feminista, y que más implicados están en la defensa de valores típicos de las sociedades igualitarias, aunque, por otro lado, tienen un partido claramente xenófobo minoritario que lleva años creciendo y amenaza con dejar de serlo. Todo esto introduce confusión a la hora de conocer la realidad social y política del país. A ello se unen datos aparentemente contradictorios. Por ejemplo, muchas estadísticas nos dicen que Suecia es un país destacado dentro de Europa en un índice terrorífico: el de violencia de género. Según las cifras oficiales es uno de los lugares donde se cometen más violaciones y agresiones per capita: más que en casi ninguno otro país de Europa.

Sin embargo, como nos explican los compañeros de El Orden Mundial, esto no es así. Cada país registra las agresiones con criterios diferentes, y si Suecia parece ser más violenta es, tan solo, porque su regulación legal y su recuento de casos son mucho más estrictos que los de otros países. Antes de sacar conclusiones hay que armonizar los criterios y homogeneizar los datos, algo que es complejo y que pocos medios de comunicación se toman la molestia de hacer cuando les llegan crudos.

Descartada la mala marca de Suecia por violencia de género, ¿hay alguna otra brecha importante en la sociedad sueca?

En el campo político tenemos muchos datos que sí se pueden comparar, porque son homogéneos. Aquí tenemos, actualizada, la intención de voto en Suecia según Sifo:

Una de las cosas buenas de esta encuestadora es que desglosa los resultados por edades y sexos, lo que nos permite analizar el comportamiento de los ciudadanos suecos por segmentos, e intentar extraer conclusiones de a qué se debe el avance de los partidos de corte anti-inmigración en un país de tradición socialdemócrata.

 

Leer una tabla es difícil, pero sospechamos por casos que ya conocemos, como el del Reino Unido, que en toda Europa se ha abierto una brecha de edad. Los jóvenes y los ancianos discrepan profundamente sobre el presente y el futuro de sus propios países. Comprobemos si sucede también en Suecia:

Nuestras sospechas se ven confirmadas: los jóvenes son, como en muchos otros países, menos nacionalistas-anti-inmigración que los mayores, y probablemente más europeístas (necesitaríamos contrastar otros datos para afirmarlo). Pero al mismo tiempo, en el caso sueco son mucho más conservadores que los mayores. El tradicional partido socialdemócrata, bastión inexpugnable entre los ancianos, cosecha poquísimos votos de la juventud, que prefiere opciones más “centristas” o “moderadas”, como así se llaman sus partidos preferidos.

Pero al margen de la edad, hay otro indicador que llama mucho la atención: el voto por sexos.